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Eduardo Martínez de Pisón y Desnivel juntos de nuevo
Jue 06 Jun 2019

Eduardo Martínez de Pisón y Desnivel juntos de nuevo

por Librería Desnivel

"Dibujos de campo" es un nuevo libro que recopila los dibujos más risueños de sus numerosos viajes por las montañas del mundo. Hoy viernes 7 de junio de 18-20 h, en el marco de la Feria del Libro de Madrid (casetas 242-243), Eduardo firmará ejemplares y compartirá impresiones con todo aquel que se acerque a disfrutar de esta cita literaria.

Los numerosos viajes por montañas de Eduardo Martínez de Pisón han quedado compilados en relatos literarios, en estudios y en dibujos realizados en el terreno. Algunos de éstos, que fueron resueltos con risueño sentido del humor, quedaron años encerrados en sus cuadernos de campo originales.

Rescatados del cajón donde dormían, pasan ahora, al publicarse, a traspasar el terreno de lo íntimo a lo público pero desde un lugar íntimo/popular en el que todos podemos reconocernos: «Con amigos y compañeros, o en caminatas solitarias, he dado muchas vueltas por los paisajes conocidos o escondidos de la Península. Desde las costas lluviosas del norte o por sus bosques y campos o por sus montañas, con frecuencia estudiando y otras simplemente paseando».

Eduardo Martínez de Pisón ha sido profesor de geografía en Madrid y en La Laguna y actualmente es Catedrático Emérito en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha estudiado los paisajes de muchas de las cordilleras del mundo, del Ártico a la Antártida, ha escrito sobre la cultura de las montañas y ha abogado siempre por la protección de su naturaleza, razón por lo cual se le otorgó el Premio Nacional al Medio Ambiente.

«Los dibujos aquí recopilados proceden sobre todo de cuadernos dibujados entre el comienzo de los años setenta y el fin de los noventa del pasado siglo, que fue mi época dorada de ilustrador de excursiones sobre la marcha. Un día se me ocurrió empezarlos y continuarlos, aunque ya había hecho dibujos similares desde 1954 (que no conservo), duraron un tiempo casi como actividad obligada, y otro día se fueron extinguiendo porque empezaron a dominar mis viajes condiciones que no los facilitaban. Pero, aunque no tuviera tiempo entonces para plasmar los sucesos en los cuadernos, siempre he visto las cosas en mi cabeza como aquí se muestran. Otros dibujos similares, algunos en mayor formato, los he regalado o los he perdido. En todo caso, lo que intento decir es que, si queremos, las cosas, la vida, la gente, las montañas pueden tener esta cara».

En este nuevo libro reúne una colección de sus bocetos rápidos de viaje, recogidos en cuadernos de campo que se fueron rellenando de dibujos al compás de diferentes excursiones. Son, en este caso, las peripecias del camino y los personajes que las gozaron, reflejos gráficos espontáneos y sobre todo festivos de los sucesos de cada día del viajero, siempre filtrados por el sentido del humor.

«No hay aquí retratos realistas, salvo unos pocos dibujos que lo requerían, por lo que casi todo lo recogido son caricaturas, incluso de los panoramas, sólo rasgos expresivos de lo que tal vez fueron aventuras o trabajos y ahora únicamente pertenecen al recuerdo. A la memoria de un geógrafo caminante o a la de un montañero (y a la de sus compañeros) que hace preguntas a las piedras».

Los textos y dibujos de Dibujos de campo, nos envuelven desde el inicio en un halo entrañable que nos resulta familiar. ¿Quién no tiene una vida de momentos en la montaña, amistades y paisajes que han alimentado nuestra alma? Quizá uno de los aspectos más afortunados de este libro sea la facilidad con la que Eduardo teje ese hilo invisible y tenso que une intimidad, humor y realidad; un material casi transparente con el que se cosen los viajes de toda una vida.

El lector se adentrará en lugares que permanecen. Ahí siguen en sus sitios y en sus mapas: como El Guadarrama que para el autor es como un aroma, y hay que haber olfateado mucho sus rincones para dibujarlo como lo dibuja o hacer una descripción como esta: «El Guadarrama huele alternantemente o a la vez a cielo despejado y a tormenta de verano, a pedriza desnuda y a monte castellano, a encina y abedul al mismo tiempo. Por lo común, sierra adentro, a melojar y a pino silvestre o, según las estaciones, por ejemplo, a piorno y a jara. A piedra seca y a tierra mojada».

Pasadizos y recovecos de muchos de los caminos y montañas que ha recorrido -desde los más pequeños a los más grandes- y por supuesto el retrato de quienes le han acompañado en ese caminar.

Entre los grandes el Everest cobra fuerza «Buena parte de este viaje caminé por montes y valles soberbios solo acompañado por un porteador que únicamente hablaba su lengua local. Dormíamos en tienda de campaña o en cabañas sherpas de la montaña, y comíamos de lo que encontrábamos entre ganaderos, sobre todo patatas y arroz. Supusieron para mí, aquella soledad y aquellos recorridos insólitos por sitios perdidos en busca de morrenas, una compenetración muy intensa con la naturaleza de la cordillera, que iba descifrando valle a valle».

El resultado es un sugestivo conjunto de dibujos y textos que serpentea a través de imágenes divertidas, cariñosas, expresivas y textos precisos, delicados, hermosos.

Guardados durante años en un cajón, los cuadernos de campo de Eduardo Martínez de Pisón (y sus amigos) salen al mundo de los libros para compartir un modo de mirar gozoso con quien quiera acompañar al autor y a sus personajes por las cuestas ?aquí de papel y lápizde este mundo. Un signo de la feliz alegría que transmite la montaña.



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