por Jorge Jiménez Ríos
Que mi gente vaya a hacer surf. Yvon Chouinard. Ediciones Desnivel. 280 páginas. Madrid, 2006.
Emprendedores e innovadores hay muchos. Y luego los hay que tienen razón.
Que tienen motivos para pensar que su idea mejorará en algo su actividad, su
sociedad, su mundo. E incluso en raras ocasiones existe una moral y un espíritu
que hace que esos proyectos sean necesarios para el progreso. Uno de esos
ejemplos de voluntad y clarividencia nos lo regaló Yvon Chouinard, cuando
decidió fusionar su vida al límite con la imperiosa necesidad de comer. Qué su
empresa revolucionaria e inspiradora surgiese de un hobby, de unos pocos pavos
bien invertidos y de la fe de los amigos no debe ser un hecho que nos extrañe,
si tenemos en cuenta que todas las grandes iniciativas surgen de la rara pasión
de un hombre que dedica todo cuanto tiene a ser feliz.
Dentro de Que mi gente vaya a hacer surf no sólo vamos a encontrar la
curiosa biografía de Yvon, su familia, sus inicios y los motivos que le
llevaron a sentirse más a gusto entre las rocas de Yosemite
que entre las fiestas y las reuniones yankees o entre las tordas americanas de
cadillacs y faldas de animadora. El libro es también una reflexión ética
sobre el contacto con la naturaleza, un recorrido por las aventuras que le
llevaron a pensar que incluso siendo empresario, es el estado mental del hombre
el que define sus actos. El crecimiento de Patagonia visto como una lucha contra
las dificultades, su historia y los momentos que ayudaron a formarla como es
hoy, una muestra única de negocio progresista, eficaz y amante del medio
ambiente.
Páginas de lectura rápida. Narrado con un estilo exento de pretensiones y
lleno de simplicidad (no por casualidad). Acompañado por, había que hacer
mención especial, fotos de una emotividad notable que ayudan a poner caras y
pintas a los locos que empezaron todo esto. Muy recomendable, no sólo
para los empresarios que deseen remover su conciencia, si no para todos los que
deseen vivir como cuando de chico pensabas que ser de mayor. Para los que
aún piensan en vivir (no sobrevivir) sus días.
Por suerte aún quedan tipos como Chouinard,
capaces de permanecer fieles a su filosofía de vida. Gente que trata de
refrescar el mundo y evita que nos mantengamos en esta deriva hacia lo
irremediable, hacia la deshumanización del hombre (o hacia su anquilosamiento
sentimental) y que deja el mundo en la delicada situación de tener que
recordarnos cada día que existe, que tiene vida y que nos lo estamos cepillando
a base de bien. Una oportunidad más para que salgamos de nuestras junglas de
cristal, respiremos y evoquemos a los hombres de la montaña, a los hombres del
mar y a todos los que ven este planeta como un hogar y no como una mina.